Diez años de Visión Amazonía: el reto ahora es hacer de la conservación una oportunidad para el territorio

La Amazonía colombiana no cabe en una cifra ni en un balance de resultados. Es un territorio donde confluyen comunidades, bosques, agua, biodiversidad, economías legales e ilegales y enormes desafíos de gobernanza. En ese escenario, REM Visión Amazonía cumple 10 años de trabajo con una conclusión tan clara como desafiante: se ha avanzado, pero todavía falta mucho por hacer.
La iniciativa, liderada por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, con la cooperación de Alemania, Noruega y Reino Unido, ha trabajado durante esta década en la reducción de la deforestación y en la construcción de alternativas para las comunidades que habitan la región. Su modelo ha combinado monitoreo forestal, fortalecimiento de capacidades locales, manejo sostenible del bosque, incentivos, educación ambiental, gobernanza indígena y alternativas productivas.
El aniversario no fue planteado únicamente como una mirada hacia el pasado. Durante el encuentro, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Fabio Arjona, puso sobre la mesa los desafíos que enfrenta la región y la necesidad de avanzar hacia una Amazonía resiliente, productiva y capaz de generar valor para sus comunidades y para el país.
Una década que deja aprendizajes
Uno de los principales aprendizajes de REM Visión Amazonía es que la deforestación no puede enfrentarse desde una sola dimensión.
Durante estos 10 años, el programa desarrolló y puso a prueba diferentes instrumentos para trabajar con comunidades campesinas e indígenas, fortalecer capacidades locales y promover alternativas económicas legales frente a actividades asociadas a la deforestación. También consolidó experiencias de desarrollo forestal y de biodiversidad en diferentes zonas de la Amazonía.
Los Núcleos de Desarrollo Forestal y de la Biodiversidad, por ejemplo, representan una de las apuestas que surgieron de este proceso, territorios donde el aprovechamiento sostenible del bosque puede convertirse en una alternativa económica y, al mismo tiempo, contribuir a su conservación.
El balance también deja aprendizajes sobre lo que funciona, lo que debe ajustarse y las condiciones necesarias para intervenir en territorios complejos. Entre ellos aparecen la importancia de mantener una cooperación internacional de largo plazo, fortalecer las capacidades locales y combinar instrumentos de conservación con oportunidades económicas.
La Amazonía también contó su propia historia
Pero si algo marcó esta conmemoración fue la decisión de mirar la Amazonía no solamente desde las instituciones, sino desde quienes viven en ella.
Para hacerlo, REM Visión Amazonía convocó cuatro concursos de fotografía, dibujo, literatura y video. La respuesta fue de 359 participantes, con 165 propuestas de fotografía, 101 de dibujo, 57 de literatura y 36 de video. Las propuestas llegaron principalmente desde departamentos amazónicos como Caquetá, Putumayo, Guaviare, Amazonas, Vaupés, Meta y Guainía.
El resultado fue un mosaico de imágenes, historias y voces que permitió acercarse a la Amazonía desde otra perspectiva, la de quienes la habitan, la conocen y construyen su vida alrededor del bosque.
Los concursos fueron, en ese sentido, mucho más que una convocatoria artística. Permitieron reconocer que el territorio también produce conocimiento y que sus habitantes tienen mucho que decir sobre el futuro de la Amazonía.
Del bosque en pie a una economía de la selva
El siguiente desafío está en ampliar esa conversación. Durante su intervención, el ministro Arjona señaló que los avances en materia de deforestación no son suficientes para considerar resuelto el problema. Persisten amenazas relacionadas con el control territorial y diferentes formas de ilegalidad, por lo que la respuesta debe ir más allá del control. “No podemos quedarnos con lo avanzado; necesitamos hacer más”, fue una de las ideas centrales de su intervención.
Para el ministro, la conservación debe estar acompañada de alternativas económicas que permitan a las comunidades generar ingresos a partir de actividades compatibles con la protección del territorio.
De ahí la importancia que adquieren conceptos como bioeconomía, servicios ecosistémicos y economía de la selva. La apuesta es que los recursos naturales y los servicios que presta la Amazonía puedan generar valor sin que ello implique destruirlos.
El reto consiste ahora en pasar de iniciativas productivas de pequeña escala a cadenas de valor con capacidad de llegar a mercados, generar ingresos y conectar a las comunidades con nuevas oportunidades. Y esto es lo que precisamente REM Visión Amazonía plantea como una transición de los Núcleos de Desarrollo Forestal hacia una visión de Economía de la Selva, con mayor énfasis en comercialización, alianzas con el sector privado, restauración productiva, plantaciones forestales y nuevos mecanismos de financiación.
Una década no es el final
El aniversario no marca un punto de llegada. Marca una transición. La experiencia acumulada por REM Visión Amazonía deja herramientas, capacidades y aprendizajes que ahora deben ponerse al servicio de una pregunta más amplia: ¿Cómo lograr que conservar el bosque sea también una oportunidad de bienestar para quienes viven en él?
La respuesta tendrá que seguir involucrando a comunidades indígenas y campesinas, instituciones, cooperación internacional, academia y sector privado. Para así hacer frente al principal desafío que deja esta primera década de Visión Amazonía que es hacer de la conservación una opción viable para el territorio.












