El caso de Yulixa Toloza y la urgencia de elevar los estándares en la industria estética colombiana
El crecimiento acelerado de la industria estética en Colombia ha puesto sobre la mesa los riesgos de la informalidad y los límites entre los procedimientos estéticos y médicos. Tras el caso de Yulixa Toloza, sectores académicos insisten en la necesidad de fortalecer la formación, los controles y la vigilancia en un sector que cada vez tiene más demanda en el país.

El caso de Yulixa Toloza volvió a abrir una conversación urgente en Colombia: el rápido crecimiento de la industria estética, las consecuencias de la informalidad y la necesidad de proteger a quienes buscan este tipo de servicios.
La desaparición y posterior muerte de Yulixa, tras realizarse un procedimiento en un establecimiento que operaba sin permisos sanitarios, encendió nuevamente las alertas sobre los llamados “centros de garaje” y la falta de control en algunos servicios estéticos del país. Las autoridades confirmaron que el lugar funcionaba ilegalmente y realizaba procedimientos invasivos sin autorización.
“Hoy existe una paradoja preocupante, pues quienes trabajan desde la formalidad y cumplen con todos los requisitos suelen estar sometidos a controles estrictos por parte de las autoridades de salud, mientras muchos espacios informales terminan operando sin suficiente vigilancia ni seguimiento. Ahí es donde aparecen los mayores riesgos para las personas”, señala Eduardo Behrentz, rector de Unigermana, una de las pocas universidades que ofrece esta formación a nivel técnico profesional.
Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. Según el informe global de cirugía estética de 2022, en el mundo se realizaron cerca de 15 millones de procedimientos estéticos quirúrgicos. Colombia ocupó el décimo lugar a nivel mundial con 466.453 procedimientos, siendo los más frecuentes la liposucción, la mamoplastia de aumento, el aumento glúteo, la abdominoplastia y la mastopexia.
Sin embargo, el crecimiento del sector también ha venido acompañado de múltiples alertas. Durante 2025, cinco personas fallecieron en Medellín luego de someterse a cirugías estéticas. El 2024 había sido aún más crítico, con once muertes reportadas por este tipo de procedimientos en la ciudad. Además, la existencia de 379 casos de complicaciones adversas en los últimos dos años evidencia que los riesgos persisten y que la vigilancia sigue siendo insuficiente frente al rápido crecimiento de la industria.
En Bogotá, solo en 2026, las autoridades realizaron 171 inspecciones y clausuraron 16 centros estéticos por incumplimientos sanitarios y fallas similares a las detectadas en otros casos recientes. Las advertencias vienen desde hace años. Un informe del Instituto Nacional de Medicina Legal que analizó el periodo entre 1998 y 2015 reportó 62 muertes derivadas de procedimientos quirúrgicos estéticos en Colombia, reflejando que se trata de un problema de larga data.
“Uno de los aspectos centrales de esta profesionalización es precisamente entender los límites del ejercicio estético. Desde la formación se enfatiza que una cosa es el cuidado estético no invasivo y otra muy distinta ejercer procedimientos médicos o quirúrgicos que solo pueden ser realizados por profesionales de la salud debidamente autorizados”, afirma Behrentz.
La apuesta, explican desde el sector académico, es que quienes ingresen a esta industria comprendan hasta dónde llegan sus competencias y por qué respetar esos límites también es una forma de proteger la vida y la salud de las personas.
En un momento en el que miles de personas buscan servicios estéticos todos los días, el reto para el país no solo pasa por aumentar la oferta del sector, sino también por fortalecer la vigilancia, combatir la informalidad y evitar que casos como el de Yulixa Toloza vuelvan a repetirse.














